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Otra utopía periodística

Un pensamiento fugaz cruzó mi mente mientras leía este artículo de Soledad Gallego-Díaz, escrito en 1994. Ya entonces se era consciente de lo nocivo que resultaba el periodismo de declaraciones para el Periodismo con mayúsculas. Aquel consiste en un ansia desmedida por plasmar, tal cual, todo aquello que dicen las autoridades y los dirigentes políticos, casi sin ton ni son. Aunque no aporten nada nuevo, aunque sólo sea mera autopropaganda. Así se rellenan muchos huecos en los periódicos de información general, así se manchan esas hojas que tan caras nos salen en términos ecológicos.

Me pregunto si no sería mejor tener unos periódicos más finos, con menos páginas, pero que todas ellas sean útiles y nos aporten la información –y también el entretenimiento, pues no son excluyentes- necesaria para formarnos como ciudadanos y hacernos más libres. ¿Por qué no sólo veinte, treinta páginas, pero repletas de reportajes, de análisis, de investigaciones que aporten algo nuevo y contribuyan a la defensa de la democracia? Un periodismo de calidad y al servicio de la ciudadanía es imposible si los periodistas se ven abrumados por la cantidad de comunicados, invitaciones a ruedas de prensa y declaraciones vacías que se supone que deben cubrir. Este trabajo rutinario, aunque necesario, no debería ser primordial, les quita tiempo, energía y ganas  a los periodistas para dedicarse a aquello por lo que se considera al periodismo como la profesión más hermosa del mundo: la investigación, la interpretación del mundo en el que vivimos, la denuncia de hechos execrables.

periodismo de declaracionesLos periódicos no pueden quejarse porque cada vez vendan menos. Con un poder adquisitivo cada vez más reducido, la gente no va a gastarse el dinero en un producto que no aporta nada nuevo, que en muchas ocasiones se convierte en una tribuna desde la que los políticos se contestan unos a otros, en un diálogo necrótico y enfangado que cada vez importa menos a la ciudadanía.

Claro está que, a veces, cuando alguien se atreve a salirse de la norma, le tiran piedras. Pero así es como se avanza, como se cambian las cosas. Como en este caso:

“[…] A veces hace falta mucha convicción. Como la que tuvieron varias cadenas de televisión norteamericanas que el 4 de junio de 1992 se negaron a retransmitir en directo una rueda de prensa del presidente George Bush porque estimaron que no aportaba nada nuevo      .

El discurso de Bush fue recogido brevemente, y como quinta noticia, en los servicios informativos. Conste que algunos telespectadores protestaron.”

Aunque, claro, ya se sabe que esto de cambiar las cosas y de ir hacia delante no suele gustarles a los dueños de los medios de comunicación, cuyos intereses no coinciden en lo más mínimo con los de la ciudadanía y la democracia.

Mientras tanto, yo seguiré soñando e intentando contribuir a esta utopía periodística para que pronto deje de serlo.